Hay un dicho bastante desafortunado sobre los bomberos que prefiero no escribir, pues casi todos lo conocemos y no tiene ninguna gracia. He tenido varios amigos bomberos y son como una casta distinta: en el fondo son excelentes personas, pero sin duda tienen varios tornillos sueltos. Y cómo no los van a tener si deciden voluntariamente meterse entre las llamas para salvar vidas, algo que escapa de lo común. Por supuesto que es una labor loable, digna de reconocimiento y valoración, especialmente por su carácter ad honorem, ya que nadie les paga por hacerlo. Esta mañana recordé a todos esos buenos amigos bomberos, a mi compadre Paul —quien es instructor contraincendios— y todo lo que aprendí en la industria sobre el manejo de equipos, bombas, mangueras y demás. Es indispensable dominar el uso de bombas, mangueras, bifurcos y pitones si te vas a dedicar a la limpieza de sitios afectados, y con mayor razón si vas a actuar como primer respondedor.
Hoy me tocó dar la charla de cinco minutos y, como no lo hacía desde hace mucho tiempo, no sabía qué tema abordar. Así que, tras acordarme de los bomberos, decidí hablar sobre la Primera Respuesta. Este conjunto de acciones abarca todo lo que se debe hacer para atender un derrame: desde el control y la contención hasta la recuperación y la limpieza del sitio; en esencia, los primeros respondedores son los bomberos de los derrames. Sin planearlo, el tema me salió directamente del corazón y la charla me quedó de diez. “Todos ustedes son primeros respondedores…”, le dije al personal al comenzar. Como la gente que se encarga de este trabajo es sencilla, al principio me miraban como si les estuviera hablando en otro idioma, pero poco a poco lo fueron comprendiendo.
Recordé anécdotas sobre la atención de derrames, a los buenos amigos que quedaron en el camino y las peores situaciones que me ha tocado vivir en este trabajo. Terminé la dinámica haciendo una Genkidama, al mismo estilo de Son Goku, y el personal salió de la charla con una dosis extra de energía brindada por el cosmos para empezar su jornada con el pie derecho. Es un trabajo duro el que realizan, por lo que resulta indispensable que comiencen el día con la moral bien en alto.
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Hoy llegamos a la cascada y, al verlos trabajar, me puse a pensar en que son unas verdaderas máquinas. Estamos avanzando de manera ordenada y metódica, y sé que vamos a terminar a tiempo aunque cueste muchísimo esfuerzo. Por obvias razones, no puedo mostrar fotos de su trabajo, pero sí quería compartirles algunas ilustraciones para que comprendan, de cierta forma, lo que vive esta gente para llevar el pan a la mesa de sus hogares.
1. El hombre y la barrera.






