Nunca pude hacer el curso de Coaching que quería, lo dejé para ese después que no llegó. Lo mismo pasó con el curso de panificación y también con la publicación de mi libro. Escribí un libro y no lo he publicado. Nunca pude pagarles unas vacaciones a mis padres, fui de vacaciones con ellos un par de veces, pagué parte de los gastos, pero no pude darme el gusto de ir con mis padres a las Vegas, a las pirámides, o a la ciudad imperial del Cuzco (el ombligo del mundo). No he llevado ese curso en control de derrames, o el de Comando de Incidentes que quería llevar. Quise llevar uno en Colombia, la empresa donde estaba no lo pagó y tampoco lo pagué con mi dinero. Puedo justificarme diciendo que no me alcanzaba, pero sería una excusa y no me gustan las excusas. Vendí mi moto para pagar una deuda y luego dije me compraré una nueva y la coloqué en mi larga lista de pendientes.
Le debo un campamento a mi hijo. Nos fuimos de viaje una vez y luego le dije podemos viajar en moto, o hacer un campamento en las montañas. No tengo moto y la idea del campamento se fue esfumando de mi mente, porque soy un adulto ocupado que nunca quiso crecer. Lo bueno es que todavía tenemos tiempo y podemos. No estoy tan viejo, como para no poder soportar un par de noches, durmiendo sobre el suelo, en algún paraje olvidado de nuestro bello país.
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Ayer, conversando con alguien muy querido, le decía que siempre fui bastante promedio. Fui el segundo en el colegio, lo cual no estuvo nada mal, pero en la universidad no fui para nada sobresaliente. En el Kung Fu era regular, nunca aprendí a pelear como mis instructores, ellos estaban hechos en altas revoluciones, o yo era muy lento. Más de una vez, acabé con la boca reventada, por una patada en el labio. Luego venían las burlas de mis amigos. Todos en Perú sabemos que si sangras perdiste la pelea. He perdido varias peleas.
No se tocar ningún instrumento y no tengo habilidades especiales. No puedo leer rápido y creo que soy más lento que el promedio. También he sido un lector intermitente, que por temporadas se ponía las pilas y leía un libro para adolescentes. Obviamente, también he leído a Vargas Llosa y a Gabriel García Márquez, pero debo reconocer que en los libros de fantasía me pierdo como un niño y me identifico con sus personajes. Por ello, mis libros favoritos mientras crecía fueron: The Never Ending Story, y luego El Principito. Soñaba a veces con el zorro en el desierto, sentado al lado del pequeño príncipe, mirando el horizonte en compañía. Nunca quise estar sólo.
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Voy a hacer una lista y empezar a marcar mis pendientes. Ahora que se viene el fin del mundo con esto del avance en la IA, creo que es lo más recomendable. Lo primero que voy a hacer es ir con mi hijo a ese campamento, la moto puede esperar un poco más. Al final de mis días quiero llegar como llegó mi papá, con la tranquilidad de haber vivido una vida plena y feliz, sin deberle nada a nadie y entendiendo que voy a otro plano de felicidad, a compartir lo que soy con mis hermanos mayores.
Sigo leyendo la biblia a diario y me está ayudando a entenderme mejor. Lo recomiendo plenamente, no hay nada como la palabra de Dios (literal).
TUPAQ
