Conocí a Max cuando andaba desempleado buscando
trabajo. Me llamaron para trabajar en una empresa medio francesa, donde el
inversionista mayoritario era un peruano. Esta empresa quería entrar al mundo
de la remediación y yo necesitaba trabajo. Había pasado algunos meses buscando y
mis reservas eran cada vez menores. Mi viejo, quien estaba vivo y con salud en
ese tiempo, estaba muy preocupado por mí (lo lamento papá). Llegué a la entrevista
por recomendación de otro gran amigo, de hecho, fuimos juntos porque él me
había vendido como el especialista en remediación. En sitio estaban el que
sería mi jefe, su jefe, el dueño y Max. Como no me conocían me miraban con
desconfianza y muy serios. Empezaron hablando de un proyecto de limpieza en el
oleoducto, el dueño decía “debemos entrar a remediar, somos una empresa nueva y
seria y no está bien que exista un monopolio…”. Yo lo escuchaba detenidamente y
con paciencia, luego sacaron un PPT y lo proyectaron, era su plan para hacer la
limpieza. Inmediatamente me di cuenta que estaban perdidos en el cosmos. Una
sonrisa fue creciendo en mi rostro, como si fuera la cara de Jack Calabaza, esa
sonrisa tétrica de alguien que tiene hambre y necesidad.
El jefe de mi ex jefe hablaba sólo en francés y
mi ex jefe lo traducía, este era el experto que habían traído de Europa, para
que dé su opinión sobre remediaciones en la selva peruana. No me mal entiendan,
me cayó muy bien luego, era un tipo muy agradable, pero tenía un estándar europeo
para nada aterrizado al Perú. En medio de la discusión les dije “eso no va a
funcionar, luego les pedí que pusieran una presentación, que había traído de
mis años en el petróleo y comencé diciendo: “estos equipos son los que
funcionan, no podemos cargar mucho peso en la selva, hace mucho calor y no hay
caminos para camionetas o camiones… este equipo flota en el agua… este otro
ayuda a recuperar mejor… necesitamos un bote para atender…” y seguí durante un
rato hablando, hasta que en conformidad con mis ideas callé. Un minuto de
silencio transcurrió. Luego pude ver en sus caras que algo se iluminaba. Estaba
en el momento correcto en el lugar correcto. Les caí bien porque sabía lo que
hacía. Al día siguiente me contrataron y tuve uno de los mejores empleos de mi vida.
Agradezco a esas personas donde estén y a mi buen amigo Max, quien en esa
reunión no dijo nada.
Un mes después ganamos el servicio y fuimos con
Max a Iquitos. Entiendo que por mas que me habían contratado, no podían confiar
en mi todavía. Max era el hombre confianza y quien manejaba el dinero y la
logística. En todo el viaje le hablé de la remediación y como eso nos haría
ricos y famosos, Max me respondía casi con monosílabos, pero me cayó bien desde
siempre.
Crecimos juntos en la empresa y manejamos 08
proyectos de limpieza y remediación. Al buen Max lo ascendieron para que sea
Director de Desarrollo de Negocio y no se que más, yo era el Gerente de
Remediación. Hicimos una oficina en Iquitos y un almacén en Nauta, compramos
todo y nos metíamos a remediar en medio de la nada. Hicimos que la empresa ganara como 30 millones
de dólares y la pasamos bien, entre amistad y risas. Luego me di cuenta que Max
captaba las cosas muy rápido, lo que denotaba una inteligencia superior. El dueño
de la empresa lo sabía y por eso Max era su persona de confianza, hasta hoy
tienen una buena relación. Viajamos a Paris, el primer año con la empresa y
conocí la Torre Eiffel. Era un sueño grande que se hacía realidad. Siempre nos
cuidamos y nos dimos la mano, lo que hizo que nuestra amistad se convirtiera en
hermandad.
Todavía no somos ricos, eso no era el objetivo principal,
aunque ahora no me molestaría para nada. Max y yo seguimos luchando para que nuestras familias estén bien. Seguimos trabajando de sol a sol te tengo
presente, al ritmo de Salserin y otras salsas. Seguimos teniendo jefes que, en ocasiones, piensan que no somos tan listos, o no se dan cuenta, que conocemos más
de la vida, de lo que aparentamos. Mas sabe el Diablo por viejo. Lo bueno es que
ahora sabemos con quien podemos contar, en las buenas, en las malas y en las
peores.
Ahí estamos en la lucha hermanito.
TUPAQ
PD: Quise contar la historia de Max porque no lo presenté
en el post anterior.

