En El Principito, el famoso libro francés de Antoine de
Saint-Exupéry, se hace una diferencia marcada entre cómo piensa un niño y cómo
lo hace un adulto. Por lo menos cómo debe pensar un adulto para ser tomado en
serio. El autor, sin decirlo, hace una crítica sobre cómo perdemos nuestra
capacidad de soñar e imaginar cuando llegamos a la adultez. Hace unos días,
mientras conversaba con Antonio (uno de los supervisores del proyecto), me
dijo: «¿Sabes qué me ha ayudado en estos años a destacarme?... mi imaginación».
Aun siendo un adulto serio y aburrido, puedo imaginar cómo arreglar las tareas
del trabajo y decidir cuál es la mejor estrategia para librar casi todos los
problemas. Repito, casi todos los problemas; con los que no se pueden arreglar,
lo mejor es hacer de tripas corazón, respirar hondo y buscar la forma de
reducir el daño.
Luego hablé con «los caballeros
de la mesa redonda» —todos los días tenemos la reunión de coordinación con el
staff— y, para aliviar un poco la tensión del trabajo, les dije: «Es mejor
trabajar con una sonrisa y mantener la energía al tope. No es cierto que la
persona que se porta con mayor seriedad es la más responsable. Ser responsable
es saber dar la cara a tus problemas y atender tus obligaciones. Si lo puedes
hacer sonriendo, es mejor…». Dije otras cosas más y luego la reunión fluyó. Con
los días, el equipo se ríe más y celebramos los pequeños triunfos. Mañana
incluso tenemos la celebración de los cumpleaños del mes; debería ser a fin de
mes, pero prefiero que sea mañana. Es importante que la gente se relaje unas
horas, que coma pastel y tome gaseosa. Ya son varios días limpiando la
quebrada, y el calor y el agua minan el cuerpo, por esto la mente y el espíritu
deben estar bien.
Mi maestro de kung-fu decía:
«Espíritu manda, mente obedece, cuerpo pertenece». Mi mente nunca estaba en
silencio cuando era joven; sigue sin estarlo. Pero al día de hoy entiendo lo
que quería decir mi maestro. Entiendo que hay que elevar el espíritu, tener la
mente sana (lo mejor que se pueda) y el cuerpo debe escuchar. En artes
marciales, primero, se educa al cuerpo para que te obedezca y funcione
correctamente; se empieza siempre por lo físico, lo cual es lo más sencillo de
trabajar. Segundo, tener un espíritu fuerte es sumamente difícil, porque no
solo depende de ti. El espíritu se alimenta de energía primordial, de algo más
elevado que requiere mucho de fe. Tercero y último, La mente se trabaja con la
disciplina, con los cambios de hábitos y la dedicación. No obstante, como diría
el buen Oscar, la disciplina siempre va a ser la cualidad más importante en
todos los casos. Lo demás está sobrevalorado.
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He estado pensando mucho en el
kung-fu y en volver a practicarlo. Hoy, caminando por el bosque, estaba
haciendo mis bloqueos y golpes favoritos de antaño. Los trabajadores seguro pensaron
que se me ha zafado un tornillo; no los culpo. Luego traté de acordarme de un
par de posiciones de animales. Mi mente, poco entrenada, se quedó en blanco; lo
intenté con más fuerza y nada. He guardado todo lo que aprendí en una versión
digital que yo mismo escribí; fueron bastantes cosas. Si funcionan para pelear
o no, en realidad no lo sé, nunca fui tan bueno. Pero el kung-fu es hermoso:
por las formas, por la fluidez y por los miles de años de historia que tiene
detrás. Les mando saludos a mis grandes amigos de la promo del kung-fu; no sé
nada de ellos, pero los buenos recuerdos siempre los llevo conmigo.
TUPAQ














